Espacio de reflexión: Afinemos nuestras intuiciones

Por: Hernán Bobadilla

Varios estudios muestran que la explotación de diversos recursos naturales, en particular de combustibles, fósiles y recursos minerales, presenta tendencias de crecimiento exponencial durante el último siglo, a escalas regionales y globales; este tipo de crecimiento posee propiedades que no son intuitivas para la mayoría de las personas; Por lo tanto, para explorar las consecuencias del crecimiento exponencial del consumo y así afinar nuestras intuiciones, sugiero emplear el siguiente “experimento mental” :

Imagina que eres una bacteria en una “civilización” de bacterias viviendo al interior de una botella y que tú y todas las bacterias se duplican cada minuto (crecimiento exponencial).
Ahora, exploremos ciertos escenarios:
Supón que en la botella a las 11:00 sólo hay una bacteria y a las 12:00 la botella se ha llenado (evento catastrófico); la población no podrá seguir creciendo y las bacterias tendrán que pelear por espacio.

Primera pregunta: ¿Cuándo está la botella mitad llena?
La respuesta más común a esta pregunta es “a las 11:30”. El razonamiento que sustenta esta respuesta es: “La botella está mitad llena a ‘medio camino’ entre las 11:00 y las 12:00”, pero este razonamiento es incorrecto y no representa “crecimiento exponencial”.
El razonamiento correcto es: dado que la población de bacterias se duplica cada minuto, sólo un minuto antes de las 12:00 AM la botella estaba mitad llena, es decir a las 11:59 (crecimiento exponencial) .

Segunda pregunta: como bacteria en esta civilización, ¿cuándo te darías cuenta del problema, que se están quedando sin espacio?
Inspeccionemos el espacio disponible en la botella algunos minutos antes de las 12:00 (ver tabla).

Imagen Afinando nuestras intuiciones

¿Cuántos de nosotros nos daríamos cuenta de que hay un proble-ma cinco minutos antes de las doce, cuando aún hay 97% de la botella libre para ser ocupada? ¿O incluso un minuto antes de las doce, cuando aún queda tanto espacio por ocupar en la botella como el que ya hemos ocupado en la historia de nuestra civilización?
Me atrevo a decir que la mayoría de nosotros no sería capaz de reconocer el problema sino hasta que fuese demasiado tarde.

A pesar de lo anterior, supongamos que la civilización de bacterias ha logrado, contra todo pronóstico, identificar el problema a las 11:59. Reaccionando ante la gravedad de la situación, la civilización ha decidido formar una delegación de bacterias exploradoras que buscarán nuevas botellas para colonizar. La expedición fue exitosa y la delegación vuelve a su hogar con el descubrimiento de ¡tres nuevas botellas!; esto es un descubrimiento colosal. La civilización dispone ahora de cuatro veces los recursos que tenía antes de la expedición, esto daría a la civilización un largo tiempo de prosperidad ¿O no? Pero lamentablemente, esto no es así; al contrario, a las intuiciones de la mayoría de nosotros, las tres nuevas botellas no darán – ni siquiera tres horas adicionales de vida a la civilización. Recordemos que la población de bacterias se duplica cada minuto, (entonces a las 12:00 una botella estaría llena, a las 12:01 dos botellas estarían llenas, y a las 12:02 las cuatro botellas se habrán llenado). Este experimento mental nos revela que nuestras intuiciones respecto del crecimiento exponencial están muy mal calibradas. Al respecto, es importante destacar un par de lecciones: primero, el crecimiento exponencial en el consumo de recursos es “silencioso”, notamos sus efectos sólo cuando el recurso consumido está al borde de su desaparición; por ello, no podemos esperar a que la disponibilidad de un recurso sea crítica para recién empezar a hacer cambios en nuestros hábitos de consumo y esperar que se recupere. Segundo, los esfuerzos por descubrir nuevos recursos que permitan perpetuar el crecimiento exponencial no resuelven el problema. Como hemos visto, grandes descubrimientos de reservas en yacimientos y reservorios sólo darán una extensión marginal a nuestros hábitos de consumo exponencial.

Una persona optimista respecto de las capacidades humanas podría pensar: “Bueno, nuestras habilidades tecnológicas están creciendo de una forma imprevisible, sin duda que en el futuro seremos capaces de encontrar más combustibles fósiles y recursos minerales que sostengan nuestras demandas”; lamento ser aguafiestas, pero me temo que no es tan fácil; recordemos que los recursos minerales y combustibles fósiles son finitos en, al menos, dos sentidos. En primer lugar, sus tasas de recuperación ocurren a escala geológica; en otras palabras, estos recursos, una vez extraídos y consumidos, no pueden ser recuperados durante nuestras vidas humanas. En segundo lugar, estos recursos son finitos en cuanto a que su extensión no excede la del planeta Tierra, el cual es – como muchos saben – un volumen finito. Los recursos finitos no pueden sostener consumos que crecen exponencialmente, como hemos aprendido con la experiencia de las bacterias.

“Pero bueno, si llegamos a agotar los recursos de este planeta, podremos explorar el espacio en búsqueda de más recursos”. Quizás, pero cabe preguntarse a que costos éticos. Un principio ético que solemos ignorar es el prinicipio de responsabilidad con las futuras generaciones de este planeta.

En resumen, nuestro consumo de recursos terrestres no puede ocurrir a expensas de la posibilidad de consumo de generaciones futuras. Debo admitir que, aunque bien intencionado, este argumento aún suena consumista y antropocéntrico. ¿Es que acaso no hay un fin no-humano que regule nuestra relación con la naturaleza? ¿Qué tal el respeto a los derechos de la Naturaleza? No muy lejos de aquí, los derechos de la naturaleza han sido constitucionalmente reconocidos en países como Ecuador o Bolivia. El motor de estos cambios es un movimiento llamado “Buen Vivir” – o “Sumac Kawsay” en quechua. Notablemente, parte de los activistas de este movimiento no son contrarios al consumo de recursos, pero enfatizan que DEBEMOS CONSUMIR MENOS.

Imagen Afinando nuestras intuiciones (2)

Mi propósito con esta columna ha sido motivar la reflexión respecto de nuestras formas de consumo. Con un simple experimento mental hemos podido afinar nuestras intuiciones, asignarle la gravedad adecuada al fenómeno del consumo exponencial, y entender que no hay recursos naturales suficientes en la Tierra que permitan sostener dicho hábito.

Como mensaje final deseo dejarlos con esto: Es intelectualmente deshonesto hacer promesas de desarrollo sustentable que no incorporen explícitamente políticas de reducción de las tasas de explotación y consumo.