Suelos contaminados por la industria

Por: Carlos Rodríguez

Un estudio de la Comisión Lancet estimó que la contaminación combinada entre aire, agua y suelo fue responsable de la muerte prematura de 9 millones de personas en el año 2015 (un 16% de las muertes totales en el mundo ese año). Esta cifra corresponde a tres veces más muertes que el SIDA, tuberculosis y malaria combinados y 15 veces más que todas las guerras actuales y otras formas de violencia juntas.

Imagen Suelos contaminados por la industria

En nuestro país existen normas de calidad que regulan los contaminantes en aire y agua, pero no existe un sistema que regule la presencia de contaminantes en el suelo. Se puede indicar entonces que, en ciertos casos críticos, los efectos cancerígenos de la contaminación del suelo podrían no ser percibidos por la población afectada hasta decenas de años después de la exposición a los contaminantes.

El suelo y sus componentes naturales

El suelo es la capa más superficial de la corteza terrestre. Se origina de la degradación física y química de las rocas, además de otros procesos naturales tales como reacciones químicas y productos metabólicos de organismos y microorganismos que residen en él; como hongos, bacterias, plantas, entre otros. Éste sustenta un sinnúmero de procesos o servicios beneficiosos para el ser humano, además de servir como recurso para la agricultura, ganadería y otras actividades humanas. El suelo constituye el medio para el desarrollo de millones de especies de plantas y animales, sustentando la base de la biodiversidad del planeta Tierra.

La formación de suelo es un proceso lento de degradación y diferenciación que da origen a los horizontes de suelo, donde intervienen varios factores:
● El clima, que controla varios agentes como la humedad, radiación solar y temperatura, entre otros.
● El material de origen, que puede ser de roca o sedimento, y determina en gran medida la composición química natural del suelo.
● Los seres vivos, cuyas actividades y metabolización controlan la cantidad de materia orgánica, entre otras cosas.
● El relieve o topografía, que controla el grado o efecto que tendrán los demás factores ya mencionados.
● El tiempo, pues muchos de los procesos que dan origen al suelo ocurren a tasas extremadamente lentas, de manera que un suelo puede tardar entre 2.000 y 20.000 años en formarse.

Estos elementos interactúan alcanzando una especie de “equilibrio dinámico”. Este equilibrio es frágil y, por lo general, muy difícil de recuperar. Cuando se rompe el equilibrio, hay una modificación negativa, lo que se conoce como degradación del suelo.
Un tipo común de degradación del suelo ocurre debido a la presencia y acumulación de contaminantes, los cuales pueden cambiar las características químicas del sustrato y afectar la dinámica natural del suelo, generando impactos graves en los ecosistemas que dependen de él.

Los contaminantes del suelo

La Ley 19.300 sobre “Bases Generales del Medio Ambiente” define contaminante como: “todo elemento, compuesto, sustancia, derivado químico o biológico, energía, radiación, vibración, ruido o una combinación de ellos, cuya presencia en el ambiente, en ciertos niveles, concentraciones o períodos de tiempo, pueda constituir un riesgo a la salud de las personas, a la calidad de vida de la población, a la preservación de la naturaleza o a la conservación del patrimonio ambiental”.

Los contaminantes llegan al suelo desde el aire en forma de polvo o material particulado, como sólidos que se depositan directamente, o en forma de líquidos o semisólidos, como ocurre con el vertimiento de sustancias tales como lodos industriales y combustibles.

Posiblemente, la principal fuente de contaminación que da origen a la acumulación de contaminantes en el suelo es la actividad industrial. Dependiendo del tipo de industria, el suelo aledaño a la zona industrial podría desarrollar distintos tipos de cambios respecto de su estado natural. La actividad minera, por ejemplo, en sus variados procesos metalúrgicos genera acumulación de elementos asociados a los minerales explotados. Es así como en las fundiciones de cobre se puede acumular arsénico, mercurio y plomo, entre otros. En diferentes concentraciones, estos elementos son tóxicos y pueden generar graves e irreversibles problemas de salud.

Por otro lado, la actividad agrícola sin control o no regulada también puede contaminar el suelo con sustancias peligrosas a través de la aplicación de fertilizantes y de plaguicidas. Algunos de ellos se encuentran prohibidos actualmente por su alta toxicidad pero fueron ampliamente utilizados durante varios años.

En cuanto al riesgo en la salud humana asociado a la exposición de contaminantes en el suelo, este resulta mucho menos directo y evidente que otras matrices de exposición como son, por ejemplo, el agua o el aire. Estas últimas pueden incidir directamente en el organismo de los seres humanos receptores, generando efectos que pueden ser percibidos en el corto plazo y haciéndolos más fáciles de evidenciar. La incidencia del suelo, en cambio, es menos directa y ocurre en concentraciones más bajas.

Los contaminantes del suelo pueden: 1) migrar a las napas subterráneas y contaminar los acuíferos de los cuales se extrae agua para el consumo y riego; 2) bioacumularse en los vegetales y ser consumidos directamente por las personas, o bien, entrar a la cadena trófica; 3) ingresar directamente al organismo de los receptores mediante ingestión o inhalación de pequeñas cantidades, por parte de personas y, principalmente, por los niños pequeños que juegan en el suelo y se encuentran en mayor contacto con él. Para determinar la posibilidad de que un suelo con presencia de contaminantes pueda ser peligroso para la salud de las personas, es necesario realizar una evaluación de riesgo. 

Contaminación del suelo chileno

En Chile, la Ley 19.300 define contaminación como “la presencia en el ambiente de sustancias, elementos, energía o combinación de ellos, en concentraciones o concentraciones y permanencia superiores o inferiores, según corresponda, a las establecidas en la legislación vigente”. Dado lo anterior, al no existir una norma oficial de calidad de suelo que establezca un límite o rango para la presencia de sustancias contaminantes, no es posible llamar “suelos contaminados” a los suelos que presenten concentraciones anormalmente altas de contaminantes de origen antrópico.

Por lo tanto, no es posible abordar y generar programas efectivos de descontaminación en sitios que presentan altísimas concentraciones de contaminantes en los suelos debido a la actividad industrial.
Un estudio de suelos realizado el 2015 en las comunas de Puchuncaví y Quintero encargado por el Ministerio del Medio Ambiente comprobó, mediante el análisis de 582 muestras de suelo, la presencia de altas concentraciones de metales pesados en los suelos en torno al Complejo Industrial de Ventanas. Este complejo lleva más de 50 años en operación desde su apertura y entre las industrias que lo componen se puede mencionar las termoeléctricas, las refinerías de petróleo y, por supuesto, la fundición de Ventanas perteneciente a Codelco. Los resultados del estudio determinaron un enriquecimiento inequívoco de algunos elementos en los suelos más próximos al complejo industrial, entre los cuales se destacan las altas concentraciones de cobre y arsénico, que se asocian principalmente al proceso de refinación de cobre realizado en la fundición.

Por otro lado, existen otras ciudades de Chile declaradas por el Estado como “Zonas saturadas por contaminación” como Huasco o Coronel, que presentan contaminación del aire y no cuentan con estudios concluyentes sobre la presencia de contaminantes en el suelo. También existen sitios conocidos como “Zonas de Sacrificio”, en donde el Estado pareciera desentenderse de los problemas ambientales y omitir lo indicado en el artículo N°19 de la Constitución política de Chile, cuyo inciso 8vo indica que será deber del Estado de Chile velar por que no sea afectado “el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación”.