Cambio Climático y los Campos de Hielo Patagónicos

Por: Dieter Tetzner (Geólogo)
Departamento de Ciencias de la Tierra, Universidad de Cambridge

Los glaciares son fieles indicadores de las condiciones climáticas en la región donde ellos se encuentran. Al estar principalmente formados por hielo, los glaciares son particularmente sensibles frente a cambios en los regímenes de temperatura y/o precipitación. Por un lado, al aumentar la temperatura promedio y al disminuir la precipitación anual en una región, se estimula el derretimiento del hielo, generando así una reducción, tanto de la superficie, como del grosor de los glaciares. Por el contrario, la disminución de la temperatura promedio junto con el aumento en las precipitaciones anuales, generará las condiciones propicias para conservar el hielo, resultando en un crecimiento de la superficie y en un aumento del grosor de los glaciares. Mediante estas relaciones, los glaciares son capaces de responder activamente frente a las variaciones en las condiciones climáticas.

En las últimas décadas, los glaciares han experimentado un considerable retroceso y adelgazamiento a nivel global. Como sostiene el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), esto se ha dado principalmente en respuesta al sostenido aumento en la temperatura promedio de la atmósfera y a los cambios en los patrones regionales de precipitación.

En el actual contexto de cambio climático en el que vivimos, los glaciares de montaña han sido particularmente impactados alrededor del mundo. Entre los glaciares de montaña, de especial interés es el caso de los glaciares ubicados en la cordillera de los Andes. Recientemente, diversos grupos de investigación han estimado que el derretimiento del hielo en los Andes es uno de los mayores contribuyentes (por unidad de superficie) al aumento del nivel del mar. Lo anterior, ha provocado que la comunidad científica ponga sus ojos en la región Andina, resaltándola como una zona de gran relevancia para estudiar los efectos del cambio climático sobre la criósfera.

Los Andes, a diferencia de otros cordones montañosos, atraviesan un amplio rango de latitudes, permitiendo la existencia de una gran variedad de glaciares, pasando desde pequeños glaciares en zonas tropicales, hasta grandes campos de hielo en la zona austral. Si bien los Andes albergan una gran diversidad de glaciares, se ha identificado que no todos ellos han sido impactados con la misma intensidad por el cambio climático observado en las últimas décadas. Entre los glaciares que se han visto más afectados, están los que se ubican en los Andes Australes (40 °S – 55 °S), en especial, los que forman los campos de hielo Patagónicos (Norte y Sur) y el campo de hielo ubicado en la Cordillera Darwin (Figura 1).

Los campos de hielo Patagónicos y el campo de hielo de la Cordillera Darwin, son los cuerpos glaciares que concentran el mayor volumen de hielo en Sudamérica. Juntos, albergan más de 2.000 glaciares, los cuales representan aproximadamente el 60 % de la superficie cubierta por glaciares en toda Sudamérica. Históricamente, los glaciares que forman los campos de hielo Patagónicos y el campo de hielo de la Cordillera de Darwin han respondido de manera sincrónica frente a variaciones en las condiciones climáticas.

Diversos estudios han demostrado que durante la denominada “pequeña edad del hielo”, un periodo frío entre los siglos XVI y XIX, estos glaciares aumentaron considerablemente su tamaño, registrando notables avances en sus frentes. En el siglo XX, desde el fin de la “pequeña edad del hielo”, estos glaciares han presentado un paulatino retroceso, el cual ha significado una reducción de 13-20 % en su superficie. Si bien, la reducción en la superficie glaciar ha sido una tendencia regional durante el último siglo, la tasa de reducción se ha acelerado de manera dramática en las últimas décadas. Esto se ha traducido en un considerable adelgazamiento de los glaciares acompañado por un retroceso generalizado de sus frentes, que supone la mayor pérdida de masa glaciar (por unidad de superficie) en toda Sudamérica.

Figura 1. Ubicación campos de hielo. Fuente Pfeffer et al. (2014)

Los recientes cambios observados en la región, han sido interpretados como la respuesta de los glaciares frente a las variaciones de temperatura y precipitación durante el último siglo. Numerosos estudios han propuesto que el aumento de la temperatura promedio en la atmósfera, junto con la disminución de las precipitaciones en la región, serían los principales parámetros causantes de la pérdida de masa glaciar. Al aumentar la temperatura promedio de la atmósfera se produce el ascenso de la llamada “isoterma 0 °C” (altura a la que la atmósfera alcanza los 0 °C). El ascenso de la isoterma 0 °C expone una mayor superficie a temperaturas por sobre el punto de congelación del agua, estimulando el derretimiento del hielo que se encuentre bajo esta altura. En paralelo, el ascenso de la isoterma junto con las variaciones en los patrones de precipitación no solo afecta la extensión de la superficie donde se acumulará la nieve, sino que también modifican la estacionalidad y la magnitud de las precipitaciones, impactando directamente en la cantidad de nieve que se depositará año a año.

Figura 2. Retroceso glaciar HPS-12 (Fuente: Nasa, compilado por J. Bendle).

Los impactos del reciente cambio climático se han visto particularmente intensificados en los glaciares que forman los campos de hielo Patagónicos y Darwin. Esto, principalmente debido a que una parte considerable de ellos se encuentra emplazada en zonas bajas y a temperaturas cercanas al punto de fusión. Lo anterior, sitúa a estos glaciares en una posición de extrema sensibilidad. No solo frente al reciente cambio climático, sino que también en los futuros escenarios de cambio climático. Adicionalmente, muchos de estos glaciares terminan en fiordos o en lagos proglaciales, haciéndolos aún más vulnerables debido a su interacción ya sea con las mareas o con los cambios en los niveles de los lagos, los cuales pueden afectar su estabilidad en la zona terminal.

A pesar de que los campos de hielo Patagónicos y el campo de hielo de la Cordillera Darwin han presentado un retroceso generalizado durante las últimas décadas, no todos sus glaciares se han comportado de igual manera. Entre los cientos de glaciares que han registrado un retroceso en sus frentes, existen algunos glaciares que se destacan por haber retrocedido dramáticamente. En el campo de hielo Patagónico Sur, los casos más emblemáticos corresponden al glaciar Jorge Montt, con un retroceso de 19,5 km durante el último siglo, el glaciar O’Higgins que ha retrocedido 11,6 km en los últimos 60 años y el glaciar HPS-12 que ha presentado un retroceso de 13 km en los últimos treinta años ( ) (Figura 2). De igual manera, el campo de hielo de la Cordillera Darwin alberga glaciares que han presentado retrocesos dramáticos durante las últimas décadas. Un ejemplo de esto es el caso del glaciar Marinelli. Este glaciar es el más extenso de este campo de hielo y se ha estimado que ha retrocedido 12,2 km en las últimas seis décadas.

Si bien el retroceso y adelgazamiento de los glaciares ha sido generalizado en la región, también existen excepciones. Una de estas excepciones es el glaciar Pío XI, uno de los pocos glaciares a nivel mundial que ha registrado un avance de su frente en las últimas décadas. El glaciar Pío XI es el glaciar de mayor superficie del campo de hielo Patagónico Sur y también de Sudamérica. Desde el año 1945 ha registrado un avance de por lo menos 10 km en su zona frontal, alternando periodos de rápido avance con periodos de relativo equilibrio (Figura 3). El aislado avance de este glaciar ha sido considerado como una anomalía, la cual aún no tiene una explicación clara. Sin embargo, se ha sugerido que este comportamiento no sería una respuesta únicamente climática.

Los campos de hielo Patagónicos y el campo de hielo de la Cordillera de Darwin son los mayores cuerpos de hielo en Sudamérica. El cambio climático reciente los ha impactado considerablemente, derritiendo grandes volúmenes de hielo y produciendo dramáticos retrocesos de sus frentes, lo que supone la mayor pérdida de masa glaciar (por unidad de superficie) en toda Sudamérica y aporta aproximadamente un 10 % de todo el derretimiento generado por glaciares de montaña a nivel mundial. El acelerado derretimiento de estos glaciares no sólo tiene implicancias locales en la biodiversidad y en los ecosistemas, sino que también tiene implicancias directas sobre el aumento del nivel del mar y la disminución del albedo, resaltando su relevancia a escala global.

Figura 3. Imagen extraida de Masiokas et al. (2020).

Lecturas recomendadas:

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