Entrevista a Maisa Rojas

María Heloisa Rojas – mejor conocida como Maisa Rojas – es geofísica de la Universidad de Chile y directora del Centro de Ciencias del Clima y Resiliencia (CR)2. Sus especialidades cubren la física atmosférica, paleoclima, y el modelamiento regional del clima. Actualmente, ella participa en el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Maisa_Rojas

Por: Hernán Bobadilla
Investigador del Proyecto Anillo “Knowledge Production in Contemporary Chile: a Multidisciplinary Study of Science in the Making» (ANID-PIA-Anillo SOC180039).

Hernán: Muchas gracias, Profesora, por su presencia. Deseo llevarla por varios temas, pero quisiera empezar con algunas preguntas de carácter más bien biográfico. Primero, deseo saber cuales fueron los estímulos que la motivaron a estudiar las materias de la física atmosférica y el modelamiento climático.

Maisa: Eso llegó más o menos tarde en la vida. En el colegio decidí que quería estudiar física. Ya estando en la carrera de física, me di cuenta de que quería hacer investigación, pero quería dedicarme a algún área en que la vinculación con problemas más sociales fuese un poco más evidente que en la física pura. Así que pensé que me interesaría trabajar en temas de contaminación atmosférica, que tienen que ver con la física, pero son también problemas ambientales importantes de resolver. Y así es cómo llegué al departamento de geofísica [de la Universidad de Chile]. Al final nunca me he dedicado a ese tema [ríe] y me dediqué más bien – dentro de las ciencias atmosféricas – a temas un poco más teóricos, de dinámica y de la influencia de la atmósfera en su gran escala sobre el clima. Y así empecé a estudiar el clima.

Ya dentro del estudio del clima, he trabajado muchos años en “paleoclima”, para entender la evolución del clima en una escala más bien larga, aunque geológicamente corta porque trabajo en el cuaternario [últimos 2.5 Millones de años]. Pero igual me interesa la evolución de la atmósfera a lo largo de toda la existencia del planeta. Y bueno, como trabajo en cambio climático, he tenido que incursionar en todos los otros aspectos del cambio climático, sobre todo desde que soy directora del CR2 donde abordamos la parte física, biológica, química, pero también humana del cambio climático.


H: El año pasado se publicó un artículo en el que usted como coautora habla de los distintos factores que afectan las decisiones de estudiantes mujeres en la universidad respecto de elegir carreras geocientíficas. ¿Podría comentarnos qué factores afectaron positiva y negativamente su decisión de estudiar la carrera de geofísica?

M:Efectivamente, junto a algunas colegas, se hizo un trabajo con algunas entrevistas a jóvenes que habían tomado la decisión de entrar a geofísica o geología [en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile]. Hay varios factores que afectan sus decisiones, pero hay un factor que es bien importante que es el ambiente en las distintas carreras. De hecho, esa fue una de las razones por las que decidí estudiar física en la Facultad de Ciencias, con un ambiente más pequeño, en el que uno se podía conocer, y por lo tanto mucho más amable.

Hay otro aspecto que afecta la decisión de estudiantes mujeres a entrar a las geociencias. Nos hemos dado cuenta de que en una facultad donde las mujeres siguen estando bastante subrepresentadas – tanto a nivel de estudiantes como a nivel de académicos – cuando hablamos sobre resolver problemas complejos, como lo son el cambio climático o en general problemas de sustentabilidad, aparecen muchas mujeres de forma natural. Parece que hay un tema de empatía con ese tipo de problemas que entusiasma a muchos estudiantes, pero en particular a mujeres, porque requieren de un trabajo más colaborativo e interactivo para pensar en las interdependencias. Y en ese sentido, las geociencias parecen ser pequeños oasis dentro de una facultad históricamente reconocida como muy masculinizada.


H:Usted decidió empezar a estudiar las dinámicas del clima en los años 90s. Me pregunto cómo percibía usted las discusiones respecto del cambio climático en aquel entonces, antes de ser la experta que es hoy.

M:Probablemente – porque yo en esa época ya estaba haciendo mi doctorado y estaba estudiando la atmósfera – veía a la atmósfera como el componente más relevante para entender el cambio climático. Hay que recordar que las ciencias atmosféricas tienen un desarrollo muy amplio gracias al interés en meteorología. De hecho, muchos de los modelos atmosféricos existentes se desarrollaron por intereses meteorológicos. Así que, obviamente, la atmósfera es relevante para entender el cambio climático. Pero con los años me he dado cuenta de que hay otros componentes muy importantes, no sólo para entender el fenómeno, sino también para proponer soluciones. Así que el fenómeno del cambio climático lo he empezado a ver progresivamente de forma más compleja.

 

H: Ahora quisiera hablar sobre sus campos de investigación. Una de sus especialidades es el paleoclima. Quisiera que nos comente por qué es importante estudiar el paleoclima.

M: Bueno, hay muchas razones por las cuales es importante estudiar el paleoclima. Por un lado, a mi me parece fascinante entender cómo funciona el sistema Tierra en su conjunto. Te mencioné que cuando comencé a estudiar, yo estudiaba solamente la atmósfera. Me parecía que solamente esa componente del sistema climático y del sistema Tierra era la más importante. Pero en la medida en que fui aprendiendo sobre cambio climático, me fui dando cuenta de que también son importantes otros componentes, como la hidrosfera, la criosfera, la litósfera, y la biósfera. Y es en el estudio de la evolución del clima en el largo plazo donde todas estas componentes y sus interacciones se hacen más evidentes. Por lo tanto, esa es una de las razones por la cual es importante estudiar paleoclima: porque es ahí donde aprendemos de mejor manera cuales son todas las interacciones complejas que ocurren entre los distintos componentes del sistema climático y cuáles son las retroalimentaciones que amplifican o amortiguan ciertas perturbaciones a este sistema.

Otra razón por la cual es importante estudiar el paleoclima es que el estudio del pasado nos da la oportunidad de mirar el mundo en condiciones muy distintas, que no son como las que hemos vivido en los últimos diez mil años o doscientos años. Pero este conocimiento nos puede dar luces respecto de hacia dónde nos encaminamos si tomamos una u otra decisión hacia el futuro. En ese sentido, permite estudiar el contexto en el cual se está dando el cambio climático.

Y la otra gran contribución del estudio del paleoclima es poder decir que lo que estamos observando hoy en día, aspectos del cambio climático antropogénico, no tienen precedente en los últimos doscientos años, en los últimos cinco mil años, en los últimos quince mil años, y en algunos casos, los últimos tres millones de años.


H: Dado que el estudio del paleoclima involucra un fenómeno que uno no puede observar de forma directa, me pregunto cuales son las metodologías y recursos que utiliza para estudiarlo.

M: Como en todas las ciencias, estudiamos el clima presente mediante la observación. Tenemos termómetros, pluviómetros, satélites, entre otras herramientas, que nos indican cómo está evolucionando el sistema climático hoy en día. [Pero uno no puede observar el paleoclima de forma directa]. Esa es otra razón por la que yo hallo fascinante estudiar paleoclima: La manera tremendamente ingeniosa que tienen los geólogos, los paleoclimatólogos, y los paleoecólogos de observar la naturaleza y poder interrogar – con la evidencia que hoy existe en el registro geológico – qué es lo que ha ocurrido en el pasado. Probablemente el método más conocido son los anillos de árboles. Un árbol – y en general, la vida – responde al clima, a precipitaciones y a la temperatura. En este sentido, el ancho de estos anillos nos puede ayudar a reconstruir a veces las temperaturas y precipitaciones pasadas. Los testigos de hielo nos muestran la estructura del hielo en un glaciar o en un manto de hielo como en Antártica o Groenlandia, y también nos pueden indicar aspectos del paleoclima, como la concentración de gases de efecto invernadero en el pasado. Registros de fondo de lago, estratigrafía, registros del fondo del mar… hay una cantidad realmente insospechada y tremendamente ingeniosa de formas de interrogar a la naturaleza para que nos indique cómo era el clima en el pasado.

 

H: Pero usted es además experta en modelamiento climático…

M: Verdad [ríe]. De lo que anteriormente dije, yo no hago nada de eso. Más bien yo siempre he trabajado con modelos. Y la gracia de trabajar con modelos es que, con un mismo modelo, se puede estudiar el pasado, el presente y el futuro. Yo hago las tres cosas. Y esto es complementario. Uno de los principios de las ciencias del clima es que adquirimos nuestro conocimiento sobre el clima de varias formas: observándolo, a través de estudios teóricos de procesos, o a través de la modelación. Y cuando tenemos muchas líneas de evidencia independientes que nos están indicando hacia una misma respuesta, podemos decir con mucha certidumbre que el clima está cambiando y que somos los humanos los responsables en gran medida de los cambios que hemos observado en los últimos 150 años. Estos son los resultados de las evaluaciones que hace, por ejemplo, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

 

H: Como usted comentaba, el clima es un fenómeno muy complejo. Por ello, me pregunto cual es el grado de certidumbre que tienen los resultados obtenido con modelamiento.

M: Pues, los modelos se han desarrollado y han evolucionado de una manera muy significativa en las últimas décadas. Se han ido complejizando y se han transformado en modelos que van más allá de solamente la atmósfera. Se han transformado en modelos del sistema Tierra completo, incluyendo el ciclo del carbono, el ciclo del nitrógeno, biogeoquímica de los océanos, etcétera. En gran medida estos modelos han evolucionado justamente para responder la pregunta del cambio climático. Obviamente, los modelos tienen sus falencias. Pero yo creo que lo importante es lo que te mencionaba antes. Cuando una institución como el IPCC, a través de sus informes de evaluación, llega a la conclusión de que el cambio climático es inequívoco, de que es un hecho, y de que la gran parte del calentamiento que hemos observado se puede atribuir a la acción directa humana, esa conclusión no se saca de un sólo modelo. Se saca de múltiples modelos, de distintos tipos de observaciones, y de nuestro entendimiento teórico.

 

H: Usted trabaja para el IPCC. ¿Nos puede contar sobre su rol en dicha organización?

M: Si, esto es bien importante. El IPCC es una organización que fue creada por Naciones Unidas y la Organización Mundial de Meteorología hace ya más de treinta años. Tiene como rol hacer evaluaciones sistemáticas sobre todo lo que sabemos sobre el cambio climático. El IPCC no realiza investigación. Tampoco monitorea el clima. Lo que hace es evaluar la evidencia científica existente. Yo aporto al Grupo de Trabajo 1, que ve la parte física. El trabajo para el IPCC es un trabajo voluntario, ad honorem. Un informe puede demorar tres o cuatro años en producirse. Así que es un compromiso de largo aliento. En mi caso, yo fui autora del capítulo de paleoclima del quinto informe, publicado en el año 2013. Ahora se está trabajando en el sexto informe, el que se va a empezar a publicar el próximo año y yo coordino el capítulo 1, el cual da el contexto al informe completo. Así que mi rol es el de “autora líder coordinadora” (“coordinating lead autor”).

 

H: ¿Tiene una estimación de la cantidad de investigadoras e investigadores de Sudamérica o en particular de Chile que trabajan para el IPCC?

M: Es bastante poco. El IPCC tiene tres grupos de trabajo. El grupo 1 aborda la parte física. Ahí somos dos autoras chilenas, Laura Gallardo y yo. En el grupo 2, que aborda los impactos del cambio climático, vulnerabilidad y adaptación, hay tres autores chilenos: uno de la Universidad de Chile, otro de la Universidad Católica, y Laura Ramajo del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA). Y en el grupo 3, que aborda las opciones de mitigación, creo que hay uno o dos autores chilenos. Así que creo que somos siete en total quienes en esta ronda estamos aportando desde Chile.

Respecto de América Latina, en el grupo 1 somos como 300 investigadores en total y yo creo que debemos ser unos 15 o 20 autores latinoamericanos, más o menos. Pero en general poco. La mayoría de los autores son europeos o de Estados Unidos. Y eso es un problema porque los informes deben […] ser balanceados en la expertise y conocimiento regional. Por muy experto que sea un autor que vive en Alemania, Estados Unidos, o Canadá, es imposible que sepa todo lo que se hace en nuestra región. Por eso creo también que es importante que más científicos participen. Es un trabajo muy arduo, son muchas horas de dedicación. En ciertas etapas, yo le dedico el 80% de mi tiempo a los informes del IPCC. Pero también es una enorme oportunidad de aprendizaje respecto de cómo se realizan estas evaluaciones con los colegas con quienes uno está trabajando.

 

H: ¿Cuáles cree que son las causas de estas diferencias de representación regional?

M: Una causa evidente es que hay menos científicos reconocidos en estos lados del mundo. Sin embargo, el IPCC está haciendo un esfuerzo por tratar de balancear la representación de las distintas regiones. Lo otro es que hay un proceso de nominación de investigadores por país […] Con estas nominaciones, El IPCC tiene que armar los grupos de trabajo, y los tiene que armar con expertise que pueda cubrir los temas que aborda cada capítulo. Si los países no nominan, entonces uno no tiene cómo escoger a sus investigadores. Así que ahí hay también un rol de los países: que se preocupen de nominar a sus investigadores, de nominar gente joven, de nominar mujeres, para que participen en esta tarea.

 

H: ¿Qué se puede decir respecto de las dinámicas climáticas para las próximas décadas en Chile? ¿Qué es lo que indican los modelos y su investigación, a escala bien macro?

M: Está más o menos claro que la parte centro-sur del país se va a secar. Lo digo porque lo hemos observado: Los datos nos indican que las precipitaciones en las últimas décadas han bajado. [En particular] la última década la hemos denominado la “mega-sequía” en la zona centro-sur del país, la sequía más extensa en el tiempo y también en el espacio de la cual tenemos registro. Además, tenemos estudios de atribución: Parte de esta mega-sequía ya la podemos atribuir a la acción humana […] Y tenemos las proyecciones futuras, que nos están diciendo, hace ya muchos años, que la tendencia se mantiene, aunque las proyecciones probablemente son menos severas de lo que ya hemos observado. Esto es obviamente una mala noticia. Pero la buena noticia es que tenemos un buen grado de certidumbre. Esto nos debería permitir tomar decisiones mejor informadas. En Magallanes las proyecciones dicen que las precipitaciones deberían aumentar. Y eso se está (más o menos) observando, pero no es una señal demasiado fuerte. La región donde no sabemos qué es lo que va a pasar es en el Altiplano porque tenemos pocas observaciones y porque los modelos indican resultados contradictorios.

 

H: Y respecto de la zona central, ¿cuáles son las decisiones a escala política que podemos tomar, como población pero también de forma individual?

M: Bueno, la falta de agua tiene un impacto sobre otros varios sistemas, tanto físicos como humanos. Tiene un efecto, por ejemplo, sobre la agricultura, sobre nuestros bosques, sobre acceso al agua, y sobre un aumento en los incendios forestales. Por lo tanto, en todas esas áreas, las decisiones que se tengan que tomar a través de los planes de adaptación sectoriales, debieran incluir este hecho de la causa. Pero esas decisiones no las vamos a tomar nosotros en el CR2 ni yo como climatóloga. Sino que las deberán tomar quienes desarrollen los planes de adaptación […]

 

H: ¿Y hay algo que podamos hacer respecto de revertir estas dinámicas?

M: La única manera que tenemos de impedir que estos impactos sean aún mayores, es limitar el calentamiento. Esto implica dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera. Ésta es una tarea titánica, pero es una tarea con la cual estamos comprometidos a escala nacional y mundial. Todos los países firmaron el acuerdo de París y por lo tanto tienen ese compromiso. Y más allá del acuerdo de París, muchos de los países se han comprometido, tal como sugiere la ciencia, a ser carbono-neutrales en el año 2050. Ese es el camino que tenemos que tomar como planeta para limitar el calentamiento global. Después del tremendo anuncio que hizo China en septiembre, que por primera vez habla de carbono-neutralidad para el año 2060, lo acaba de secundar Japón. Y Japón nunca había querido comprometerse. Así que, en ese sentido, hay buenas noticias.

Para el caso del agua en Chile, obviamente [la medida] es frenar el calentamiento. Pero lo otro es un cambio bien importante en la gestión del agua. Tenemos evidencia de que la mayor cantidad de problemas hídricos que ya tenemos no se deben a que han disminuido las precipitaciones, sino a que estamos gestionando mal el agua.


H: Profesora, estamos llegando al final de la entrevista, pero quisiera antes tocar un poco la contingencia mundial. ¿Existe una relación entre el cambio climático y la emergencia de episodios pandémicos como el que estamos viviendo?

M: Hablando bien en general, yo diría que sí. Yo diría que lo que estamos observando en los últimos años, a través de estas múltiples crisis que hemos visto – cambio climático, la pandemia, la crisis de biodiversidad, la crisis social y económica – son todas síntomas de que estamos haciendo mal las cosas en el planeta […] Debemos entender estas crisis, no como problemas aislados, sino que interconectados. Y con este entendimiento, vamos a poder enfrentar las crisis de una manera más eficaz.