Columna de opinión

Gestión sustentable del agua en Chile

Por: Camila Musante (Abogada)
Red del Buen Vivir

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Conocida es la situación de estrés hídrico y megasequía que azota a múltiples zonas de nuestro país. El agua, fuente de vida, debe comenzar a ser tratada como un recurso de carácter ambiental que afecta a los diversos elementos que sostienen la vida: suelos,  clima, ecosistemas, consumo humano, consumo animales no humanos, etc. Lo anterior, nos ha llevado al punto de tener zonas de escasez hídrica por explotación desmedida del recurso hídrico, las cuales serían ciertamente una pérdida en materia de justicia ambiental y gestión de recursos naturales.

Para avanzar hacia una gestión sostenible de las aguas, debemos incorporar una gestión de recursos hídricos en instituciones públicas con un enfoque multisectorial. Esto es, crear una nueva institucionalidad, como un Consejo de Recursos Hídricos, que funcione como órgano multidisciplinario con diversas competencias, sobre la base y paradigma que la problemática del agua es de carácter integral. Trabajaría con comunidades organizadas por cada cuenca hidrográfica, de manera de generar una gobernanza hídrica, con participación en la toma de decisiones públicas tanto a nivel local, regional y nacional.

En un primer paso para conseguir el objetivo anterior, sería relevante generar un “Plan de gestión de las aguas”, como un conjunto de alternativas técnicas y económicas viables para abordar esta problemática. Como segundo paso, la elaboración de un ‘Diagnóstico inicial para la formulación del Plan de Gestión de Recursos Hídricos de las cuencas hídricas de Chile’. Este diagnóstico se obtendría en base a la información bibliográfica, estudios precedentes, informes, entre otros, y describiría problemas centrales en las áreas temáticas de: aprovechamiento de recursos hídricos, calidad del agua, cultura del agua, institucionalidad y gobernanza, cambio climático y gestión de riesgos, financiamiento, entre otras.

Por consiguiente, frente a los problemas que aquejan a las cuencas de los ríos, el Consejo debiera estar integrado tanto por gobernadores, consejeros regionales, alcaldes, así como por dirigentes sociales, sindicales, presidentes de juntas de vecinos o líderes de comunidades que gestionarían día a día el recurso hídrico. Así, el marco institucional para afrontar la problemática e implementar alternativas de solución se construiría desde la ciudadanía que participaría de forma directa en la toma de decisiones, hasta las autoridades que ejercen un mandato de carácter representativo al haber sido electas por votación popular.

Este Consejo, debiera estar dotado de una normativa que contemple formas de participación ciudadana e indígena vinculante. Entre las formas de participación ciudadana, como mínimo debiera incluirse una consulta previa al desarrollo de proyectos con impacto ambiental-hídrico, iniciativas populares para desarrollar proyectos de saneamiento de agua potable en sectores rurales, licitaciones para financiamiento de desarrollo técnico en la gestión de recursos (así avanzamos hacia comunidades auto-gestionadas y auto-capacitadas), entre muchas otras opciones. Por otro lado, la consulta indígena debiera desarrollarse no sólo entendida como un deber internacional impuesto por el Convenio 169 de la OIT, sino más bien, cómo una forma de entender que los pueblos originarios que habitan en Chile tienen una tradición en la relación con el medio que se desenvuelven, que data de tiempos anteriores a la conquista y que permite la sostenibilidad de los recursos que los pueblos utilizan para su beneficio personal.

Pero para que este nuevo modelo de gestión funcione correctamente, es necesario tener como factor vital la cultura del agua. Esto quiere decir, que es necesario promover entre los diversos actores de las cuencas (comunidades, organizaciones no gubernamentales, fundaciones, juntas de vecinos, organizaciones sociales, territoriales, comunidades indígenas, autoridades locales, empresas que gestionan el recurso hídrico, entre otros) el valor sociocultural, económico y ambiental del agua, consagrando así en la gestión del recurso hídrico el principio de valoración.

El agua es un elemento vital y eje principal de desarrollo social por ello debemos concientizar y sensibilizar nuevas prácticas y hábitos para su manejo sostenible. Es necesario que la información sobre el valor del recurso hídrico se divulgue correctamente y se implementen programas de educación ambiental destinados a tal efecto. Esta podría ser una de las funciones del Consejo de Recursos Hídricos, junto con la gobernanza justa y sostenible de los recursos naturales. ¿Permitiría un Consejo de Recursos Hídricos el funcionamiento sostenible de los ecosistemas y la biodiversidad, protegiendo los derechos de las generaciones futuras?

Que nos importe la respuesta ya es el primer paso; lo que sigue es la acción.