Humedales y resiliencia climática

Por: Roberto Vera (Estudiante de Geología)
Universidad Austral de Chile

Uno de nuestros grandes desafíos como sociedad en el presente, y futuro próximo, será nuestra capacidad de responder y reorganizarnos para afrontar sucesos o perturbaciones peligrosas que afecten negativamente nuestras comunidades, ciudades e incluso todo el planeta. Si lo conseguimos, lograremos mantener sus funciones, su identidad y estructura, conservando al mismo tiempo su capacidad de adaptación y aprendizaje.

En las últimas dos décadas, los grupos de trabajo del IPCC (Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático) han elaborado informes sobre los impactos del cambio climático, incluyendo aspectos como la vulnerabilidad y capacidad de adaptación de las comunidades a él. Han entregado datos cuantificables y cualitativos sobre las consecuencias que produciría un aumento global de la temperatura en 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales. De esta forma, han proyectado los diferentes escenarios que deberían producirse a causa de  las emisiones globales de gases de efecto invernadero para dar una respuesta mundial a la amenaza del cambio climático sobre el desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza. En este sentido, los humedales juegan un rol fundamental en la lucha contra el cambio climático, presentando importantes beneficios, así como desafíos y responsabilidades.

Figura 1. Humedal ubicado en la Calle Bueras, Valdivia (conecta con Miraflores).

Los humedales son ecosistemas acuáticos que albergan una gran biodiversidad y proveen de importantes recursos para la vida. Son superficies saturadas con agua, ya sea de forma permanente o estacional, que adquieren las características de un ecosistema diferenciado. Los humedales continentales incluyen lagos, ríos, acuíferos subterráneos, pantanos,  esteros, pastizales húmedos, turberas, llanuras de inundación (floodplains) y oasis. Entre los humedales costeros se incluyen estuarios, deltas, llanuras intermareales, manglares y zonas costeras marinas, así como arrecifes de coral.

De acuerdo con información del IPCC (2018) y el primer informe de la Convención Ramsar (2007), que es el principal organismo intergubernamental que vela y protege los humedales, estos cubren aproximadamente el 6% de la superficie de la Tierra. Las “áreas protegidas” por Ramsar incluyen más de 1.873 sitios, cubriendo aproximadamente 184.030.126 ha. En el caso particular de Chile, hay humedales desde Arica y Parinacota, hasta Magallanes, pero se encuentran en mayor concentración en las regiones de Los Lagos (133.753 ha), Aysén (97.372 ha) y Los Ríos (89.467 ha).

Dentro de sus beneficios ecosistémicos que ayudan a combatir el cambio climático, destaca su importante papel como reservorio. Esta capacidad de almacenamiento es crucial, ya que además evita la emisión de los tres principales gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera y que generan el calentamiento global, estos son: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). En el caso del  ciclo del carbono, los humedales capturan alrededor del 12% del CO2 a mundial. Asimismo, son un elemento clave de mitigación de la escasez del recurso hídrico, ya que actúan como esponjas liberando el agua que almacenaron en invierno de manera paulatina durante estaciones más secas.

En la última década, los humedales han estado bajo fuertes presiones hídricas debido a cambios en la hidrología de los ecosistemas. Concretamente, debido a la naturaleza y la variabilidad del hidroperiodo (disponibilidad de agua, definida por la duración y frecuencia del recurso en los hábitats) y a la cantidad y magnitud de fenómenos extremos de precipitación. Estos cambios incidirán en un aumento en el número y severidad de las sequías e inundaciones, lo cual someterá a todos los seres vivos a un gran estrés hídrico. Esto, sin considerar el impacto causado por acciones humanas, como es el caso de los rellenos con escombros y sedimentos para la construcción de infraestructura urbana o para ser usados como vertederos y el impacto del calentamiento global,  sobre todo si no se limita el aumento de la temperatura en 1,5 °C en vez de 2 °C.

En este sentido, la protección, conservación y restauración de los humedales es de gran importancia para contrarrestar futuros fenómenos climáticos como por ejemplo, aumentos en el nivel del mar que generan inundaciones costeras o la ocurrencia de ciclones. Estos hábitats constituyen una primera línea de defensa costera y son estabilizadores climáticos, ya que regulan la temperatura del medio. Además, controlan el volumen y calidad del agua que abarca el ecosistema y los sitios próximos a él, regulando los niveles de salinidad y de ciertos minerales presentes.

Por todo esto, se puede decir que los humedales contribuyen al logro de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de las Naciones Unidas, específicamente con el ODS 13 que tiene relación con la toma de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos. Desempeñan un rol vital en la reducción del riesgo de desastres naturales hidrológicos y en el almacenamiento de carbono atmosférico, tanto o más que los bosques.

Figura 2. Garza grande

En la naturaleza están las herramientas necesarias para combatir los fenómenos del futuro. Esto implica acabar con las prácticas que interfieren y afectan negativamente estos hábitats. Como ejemplo, se puede mencionar el caso del Santuario Río Cruces (Valdivia) que gracias a años de lucha por parte de sus comunidades, sobre todo después del desastre ambiental provocado por la empresa ARAUCO en el año 2004, ha logrado conformar un importante lugar ecosistémico de investigación, conservación y que ha ayudado a la proliferación de especies endémicas de flora y fauna en la región , así como ha elevado la calidad de vida de sus ciudadanos.

En enero del 2020, Chile modificó una de sus leyes ambientales, específicamente la Ley n°. 21.202, la cual hace referencia a los humedales urbanos. Dentro de los humedales que se están tratando de proteger gracias a esta ley se encuentran: el humedal Río Lluta de Arica y Parinacota, los humedales Ojos de Mar en Valparaíso, Angachilla-Llancahue en Valdivia, humedal Batuco en Santiago, humedal Los Batros y humedales del Río Maullín en las regiones del Biobío y Los Lagos o el humedal Bahía Lomas  de Magallanes entre otros. En este contexto, las comunidades juegan un rol primordial, ya que son quienes conviven a diario en estos ecosistemas y son quienes, en muchos casos, más luchan por cuidar de ellos. Este es el momento para escuchar y apoyar a las comunidades, realizar espacios de divulgación abierta a las personas para generar consciencia como sociedad respecto al cuidado que necesitan y merecen este tipo de ecosistemas que favorecen el bienestar del planeta, tanto para esta generación como para las futuras.

Figura 3. Patos reales