La evolución de las geociencias hacia una ciencia más social

 Por: Esteban Marin – Geólogo, Especialista en Amenazas y Riesgo.
         Flover Rodríguez – Geólogo, Director Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos del Petróleo.
         Linda Cardenas – Licenciada en Educación Comunitaria, Máster en Comunicación y Medios.

 

Proponemos observar cómo las ciencias de la Tierra, también conocidas como geociencias, desde su núcleo de ciencia natural ha ido generando un nuevo enfoque hacia la sociedad. Esto, debido a que a medida que avanza la sociedad, sus necesidades se vuelven más complejas, y a su vez con el avance de las ciencias naturales y sociales se comienza a comprender que todo está conectado. Por ejemplo, no es casualidad que las zonas más impactadas por eventos naturales, además sean zonas con poblaciones de escasos recursos o más vulnerables. Estas vulnerabilidades son multidimensionales, no sólo hablamos del nivel económico, sino en todo ámbito, como educacional, de participación y arraigo territorial o incluso a niveles políticos.

Este cambio en las ciencias de la Tierra también proviene de modelos actuales de investigación científica e investigación aplicada, los que se plantean con una mirada transdisciplinar. En estos se busca que participen distintos profesionales, los que en conjunto se espera que puedan comprender una problemática compartiendo conocimientos y buscando entender los casos de la manera más completa posible. Abordaremos más de estos tópicos y sus relaciones en este artículo, para esto planteamos observar el cambio evolutivo de las geociencias en dos áreas aplicadas al territorio, la gestión del riesgo y la planificación territorial.

Para iniciar, podemos poner en la lupa modelos de antaño sobre gestión del riesgo, como el propuesto por el científico de las geociencias Scandone, en 1981. Entonces se presentaba la siguiente fórmula para entender los procesos volcánicos y evaluar los daños por ellos causados:

 Riesgo = Probabilidad de ocurrencia x Daño potencial.

Este planteamiento dirige la mirada hacia el entendimiento de las características condicionantes y desencadenantes de los eventos naturales peligrosos, además de las pérdidas económicas. Responde a su momento histórico, pero en la actualidad sabemos que para que ocurra un desastre, no solo debe ocurrir un evento natural de gran impacto, sino que hay condiciones más allá de las naturales que conllevan que un evento se convierta en catástrofe. Estas condiciones se pueden observar en todo ámbito de los sistemas humanos, por ejemplo, en la política en relación con cómo se manejan los desastres, en cómo se administran los territorios o en la normativa de construcción, así como también en educación respecto a cómo comprende su entorno la ciudadanía, y de esta manera varias áreas del desarrollo humano que tienen estrecha relación en el resultado de un evento de gran escala o magnitud, pero que cuesta conectar en el pensamiento colectivo.

Para entender esto, tomemos como ejemplo el terremoto ocurrido en las cercanías de Cobquecura – Chile – el 27 de febrero de 2010. El evento como tal tuvo potencial de ser un desastre, y lo llegó a ser por deficiencias en nuestros sistemas y poco conocimiento sobre el tema en varios aspectos. Desde tomadores de decisiones hasta ciudadanos configuraron un ambiente propicio para que un sismo de esa magnitud causase una crisis como la que vivió Chile con aquel evento.

Once años después y tras muchos análisis de lo ocurrido, se ha logrado a comprender que este desastre es más que un terremoto de casi 9 grados en escala de Ritchter. Por ejemplo, algunos de los edificios que se cayeron tenían una mala mezcla de cementos en sus cimientos, presentando burbujas de aire en los pilares. También se observó que gracias a sus conocimientos ancestrales las comunidades indígenas se movilizaron a partes altas antes de que llegara la primera ola del tsunami posterior al sismo, reconociendo que el saber sobre el territorio que se habita es de suma importancia. Por ello, la divulgación del conocimiento y el trabajo que esta conlleva resulta ser de gran interés como canal de información entre los científicos, los saberes locales y la población general.

En ámbitos de gestión del riesgo, por lo general en Chile y Latinoamérica, el avance ha sido forzado por algún desastre. Estos son los casos de la creación del Centro Sismológico Nacional luego del sismo de 1906, o los cambios en normas de construcción, estudios de suelo y comunicación del riesgo luego del terremoto de febrero del 2010, demostrando que fallamos en las competencias para anteponernos a los eventos catastróficos, faltando formas de aumentar las capacidades de las distintas entidades relacionadas y las poblaciones afectadas. 

Si ampliamos la visión hacia un país vecino latinoamericano, nos damos cuenta de que este tipo de propuestas en las que las geociencias deben ser partícipes del territorio se vuelve necesaria independiente de las fronteras, ya que las distintas formas en que nos construimos como sociedad y las repercusiones de esto son iguales en otras partes del mundo. Tomando un ejemplo de Colombia, en 1991 se aprobó su nueva Constitución, la que incluyó la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial la que no fue aprobada hasta 20 años después, lo que, asociado a un exponencial crecimiento de la población, generó un gran desorden en la ocupación del territorio y una alta centralización. Todo esto provocó problemáticas tales como poblaciones ocupando zonas altamente peligrosas, degradación de recursos naturales y segregación poblacional, en definitiva, una manera poco sustentable de habitar. Casos como este hay en toda Latinoamérica, en los que se observa que a nivel político quienes determinan que ley, norma o mandato se decreta parecieran no tener mayor interés por estas temáticas, entendemos que por falta de conocimiento y no por desinterés político. Entonces nuestro enfoque de la evolución de las geociencias concibe que el conocimiento sobre ciencias de la Tierra sea comprendido por tomadores de decisiones y, por qué no, que un tomador de decisión pudiera ser de formación geocientífica, de tal forma que estas temáticas sean llevadas al nivel de administración territorial.

Es en este punto donde podemos explicar desde la planificación territorial la evolución de las geociencias. Clásicamente los geocientíficos participan en la planificación territorial, realizando observaciones sobre el entorno, construyendo mapas de peligro o comprendiendo cómo se comportan los terrenos, manteniendo una mirada también clásica con fines de alto estudio científico, enfocada a la revisión por otros científicos o la presentación de informes técnicos. Pero hoy en día no solo es necesario que tomadores de decisión y científicos conozcan y entiendan los territorios, sino que también quienes lo habitan. Como dijimos anteriormente, aquí es donde se impulsa la divulgación como herramienta que aumente el conocimiento de todas las personas y entidades que viven en un territorio, esperando como resultado que todos estos puedan participar informados en la organización del lugar que habitan.

Pensando en esto último es que se plantea la gobernanza como un modelo de administración del espacio en el que se busca que el territorio sea construido por sus habitantes junto con las conexiones de éste con los demás territorios, impulsando de esta manera un desarrollo altamente productivo que busca estar en armonía con los procesos naturales de cada localidad. Un claro ejemplo de esto son los geoparques, unidades territoriales en las que a través del interés geocientífico de un lugar, se conforma un modelo participativo desde distintos sectores de la sociedad, el gobierno y los privados, para generar un desarrollo sustentable, por medio de actividades de tipo turística, histórica y de observación natural. En Chile existe el geoparque Kütralkura, como claro ejemplo de que poner en valor un territorio desde su entendimiento científico-natural y aportando el conocimiento de sus habitantes, ayuda a que se protejan estas localidades y se desarrollen en torno a un aprovechamiento sustentable de los recursos paisajísticos, históricos y naturales.

Al observar las geociencias desde su aplicación y conexión con distintas áreas de la ocupación del espacio, es que nos damos cuenta de que esta puede ser incluida en las políticas, la comunicación, las capacidades territoriales, los modelos de administración territorial, y mucho más.

Desde los ejemplos que hemos visto en este artículo se puede deducir que el enfoque de las disciplinas de las ciencias de la Tierra hacia la sociedad se ha vuelto una necesidad en los últimos años, y éste se comienza a gestar a través de conceptos como la gobernanza, transdisciplinariedad y divulgación, es decir, sobre modelos territoriales participativos, con gran cantidad de conocimiento mezclado, asociado a una mirada amplia sobre los sistemas sociales, ambientales, culturales, políticos y comunitarios, buscando que la ocupación del espacio sea poco riesgosa y sustentable y que además esté construida en base a esta mirada amplia de los sistemas que conviven en cada territorio.