¡Peligro! Litoral a la vista: Riesgos geológicos en zonas costeras

Por: Carolina Jofré U. – Ingeniería en Medio Ambiente

Chile es uno de los países con el litoral más largo del mundo. De acuerdo con el Instituto de Recursos Mundiales, la costa chilena supera los 78.563 kilómetros, considerando su territorio continental e insular, lo que lo convierte en el quinto país con mayor extensión litoral del mundo. Estas estadísticas debiesen ser motivo de alerta, ya que la costa es una de las formas geográficas que recibe los más drásticos efectos del cambio climático. En este sentido, Chile enfrenta múltiples y crecientes riesgos geológicos en zonas costeras.
En particular, dos tipos de peligro geológico se han vuelto progresivamente comunes. Primero están las inundaciones costeras, las que suelen occurrir por saturación de los suelos durante intensas precipitaciones o por subidas del nivel del mar. En zonas de desembocadura, los efectos de las inundaciones pueden ser mayores si coinciden con crecidas de ríos. Un ejemplo reciente de esto ocurrió el año 2020 en la localidad de Los Molles. Estas inundaciones afectaron, entre otros espacios, a un condominio construido sobre el relleno de un humedal. Rodrigo Cienfuegos, director del Centro Nacional de Investigación para la Gestión Integrada de Desastres Naturales, criticó el proyecto inmobiliario, no sólo por no reconocer los cauces naturales de las aguas, sino también por su grave impacto en el ecosistema costero de la localidad.
Segundo, los movimientos de ladera son otro peligro que se ha vuelto más frecuente en zonas costeras. Los movimientos de ladera (remociones en masa, en términos geológicos) se asocian a la acción de la gravedad que desplaza materiales vertiente-abajo. Uno de los procesos que propicia los movimientos de ladera es la erosión costera por la acción de las olas, corrientes y viento. Como resultado, se producen la reducción de playas y el retroceso de dunas y acantilados, modificando así la forma de la costa. Un estudio solicitado por el Ministerio del Medio Ambiente reveló que el 80% de las playas chilenas presentan erosión costera. Esto no sólo incrementa la susceptibilidad de movimientos de ladera, sino que además amenaza el normal funcionamiento de puertos de importancia.
En Chile, existen organismos y políticas públicas diseñadas para abordar estos riesgos. La Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior y Seguridad Pública (ONEMI) es uno de los organismos que se encarga de planificar y coordinar recursos para prevenir y atender emergencias y desastres. Sin embargo, la reducción de riesgos no puede sólo recaer en la gestión de las emergencias; es crucial que la planificación del ordenamiento territorial realice esfuerzos de forma preventiva y estratégica en el borde costero. En particular, estos esfuerzos preventivos debiesen dirigirse a la preservación de barreras naturales, como dunas y humedales, las cuales cumplen funciones de equilibrio ecosistémico en zonas litorales. La inminente actualización de la ONEMI mediante el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) tiene entre sus propósitos abordar roles precisamente más preventivos.
Un documento fundamental para propósitos de gestión preventiva de borde costero es la Política Nacional de Uso del Borde Costero escrito en 1994. Este documento, utiliza descripciones y consideraciones que demandan actualización. Así lo han juzgado Carolina Martínez y colaboradores en su reporte “¿Por qué Chile necesita una ley de costas? Hacia una nueva gobernanza de la costa para el siglo XXI”. En este trabajo, hacen un llamado a implementar el concepto de “zona costera”. La zona costera abarcaría hasta la máxima extensión del nivel del mar en los últimos 12.000 años, punto en el cual el mar estuvo posicionado como respuesta al último cambio climático global. Este enfoque permite un alcance más allá de la playa e incluye dentro del territorio costero todos aquellos ecosistemas costeros frágiles que actualmente no cuentan con formas de protección legal.