Prólogo

Durante este año, quienes habitamos el planeta hemos presenciado diversas amenazas; olas de calor en Canadá, inundaciones en Alemania, el Huracán Ida en el Estado de Louisiana, terremoto en Haití, o recientemente la erupción del Volcán Cumbre Vieja en La Palma, Islas Canarias; todo ante un contexto pandémico que tal parece está menguando. Cada año los desastres son más recurrentes y Chile no es la excepción que, junto a los demás países de la región, presenta inclusive mayores índices de vulnerabilidad y de exposición al riesgo de desastres que los países del norte.

En Geología, históricamente se ha desarrollado una concepción más bien positivista del Riesgo de Desastres, propia del método científico separando la causa del efecto y centrándose en el evento mismo desde un enfoque Riesgo-Amenaza y con cierta indiferencia hacia el trabajo interdisciplinar, cuestión que contrasta con la visión propia de las ciencias sociales, hacia una corriente más constructivista, donde causa y efecto son inseparables (Lampis, 2013). Durante la última década, se han consolidado los esfuerzos para el trabajo interdisciplinar que aúna ambas visiones. Por ejemplo, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (Río+20), se discutía “El futuro que queremos”, colocando la urgencia en el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, en tanto, el Marco de Sendai para la Reducción de Riesgos de Desastres 2015-2030 busca que los territorios tengan mayor comprensión del riesgo, donde se fortalezca la gobernanza multinivel, con mayor inversión y capacidad para ‘reconstruir mejor’.

Lo anterior requiere de un trabajo coordinado y que trascienda a lo interdisciplinar, y donde los actores involucrados (organizaciones de la sociedad civil, el sector público, privado o la academia) fomenten estrategias transdisciplinares con proyección al corto, mediano y largo plazo. Durante este año en Chile se han aprobado distintos instrumentos – de relevancia – que permiten articular dicho enfoque transdisciplinar para la Gestión de Riesgos de Desastres. El 16 de marzo del 2021 se promulga la Política Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2020-2030; el 5 de julio se promulga la Política Nacional de Ordenamiento Territorial, y a fines de agosto se anunció la Ley Sistema y Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED) reemplazando a ONEMI, con más atribuciones para la gestión del riesgo de desastres en miras de una sociedad más resiliente. Sin embargo, sin socialización de los instrumentos y sin organización social, esto solo queda en el papel. 

El próximo 11 de noviembre se celebra la COP 26 en Glasgow, Escocia (donde Chile deja la presidencia), a solo 3 meses de haberse entregado el 6to Reporte de Evaluación del IPPC, donde se señala la inequívoca influencia humana en el Cambio Climático. Por ello, es una instancia en la cual se espera que países como China o EE.UU. tomen acciones en materia de mitigación, pero que al mismo tiempo países como el nuestro, tomen acciones en materia de adaptación. La Crisis Climática y el Cambio Ambiental Global, son problemáticas sociales, que impactan en la pobreza, la migración y la desigualdad. La Geología Ambiental, emerge como un área de las Ciencias de la Tierra que facilita la integración con otras disciplinas, lo que permite dar ciertas luces de cómo la humanidad está incidiendo en el planeta, dejando huella a escala geológica.

Este 4to número quiere conmemorar el día internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, como una invitación a la integración de esfuerzos y a contrastar distintas perspectivas, que, de la mano de la Época del Antropoceno, se nos abre un sinnúmero de posibilidades que nos permiten de manera inédita presenciar cómo el factor social y humano es también parte del registro Geológico.

 

Felipe Orellana Solar

Coordinador Grupo Geología Ambiental